Colección: Carlos Arias

Pintor, artista textil y artista visual. Nació el 29 de noviembre de 1964 en Santiago. Vivió en Ciudad de México junto a su familia desde 1975. Regresó a Chile en 1983, con la intención de cursar estudios formales en arte. Estudió Licenciatura en Artes Plásticas en la Universidad de Chile entre 1984 y 1988. Posteriormente en 1989, hizo una maestría en Artes Visuales en la Academia de San Carlos en la Universidad Nacional Autónoma de México, país donde continuó desarrollando su labor artística. En 1994 deja la pintura y se dedica al bordado como una opción de reflexión conceptual y vuelve a la pintura en 2004. Se ha desempeñado como docente en las cátedras de pintura e Historia del Arte en la Universidad Las Américas de Puebla en México donde se ha especializado en Arte Contemporáneo.

 

Statement

¿Qué nos involucra con el otro?

¿Qué imposibilita el contacto cotidiano en lo ‘privado‘ como entes ideologizados? El cuerpo se socializa en privado, lo privado es político.

La individualidad y su cuerpo son violatorias de lo social y público.

El consenso social regido por el canon establecido se masculiniza a través de la producción.

Lo doméstico no tiene lugar, cuando más es un adorno necesario para la funcionalidad del conocimiento. El conocimiento es llevado a través del orden productivo y racional a la institucionalización que nos domina.

‘Campos de batalla‘ son lo que tenemos en la definición de la producción de significados. Los significados están insertos en categorías de pensamiento social que se arman a través de representaciones de roles sexuales que demarcan territorios de individualidad e identidad ideológica.

El conocimiento como masculino.

Lo femenino como ausencia.

Metaforizar e ironizar la norma en cuerpo, en sexo, en realidad concreta. Mostrar el cuerpo como instrumento ideologizado, bordar ambiciosamente lo que se es y lo que no se es, trabajar el cuerpo como compartimiento, compartible en el darse, en el quehacer.

El hecho de dedicarse cotidianamente a la producción de objetos elaborados a mano que requieren tanta inversión de tiempo, me ha dado la seguridad de no tener que hacer caso a territorializaciones de quehaceres en la signi cación política e ideológica de la de nición de los géneros masculino / femenino.

La manualidad es reflexiva.

La reflexión es femenina.

Lo mecánico es masculino.

El trabajo es femenino.

El femenino es la otredad.

Yo soy en la otredad.

Torcerse, darse, verse, es violatorio en la norma masculina.

La convención masculina debe ser violada, lo sexuado como rol es imposición.

Carlos Arias

Noviembre 1995




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